domingo, 25 de enero de 2009
Vale la pena ver estos 15 minutos de video...
Discurso de Steve Jobs en Stanford... imperdible: "stay hungry, stay foolish" (permanece hambriento, permanece enloquecido)
Parte 1
Parte 2
Parte 1
Parte 2
domingo, 18 de enero de 2009
Breve Adoración a Jesus Eucaristía
Dos minutos de Adoración a Jesús Eucaristía en mi capilla doméstica... A Él la Gloria!
El que quiera ver milagros, que adore la EUCARSTÍA!
martes, 6 de enero de 2009
Con Jesús Eucaristía en la camioneta del padre Francisco

Las tres de la mañana del primer día del año 2009. En Añatuya una camioneta trasladaba a un grupo de jóvenes misioneros a sus lugares de misión. Las tres de la mañana…Llovía muchísimo y los 15 chicos que iban en la caja se mojaban totalmente. La camioneta avanzaba lenta por los caminos de tierra, recorriendo los 15 kms que los dejarían en sus lugares… Y los chicos mojados en la caja de la camioneta cantaban y reían. Felices porque habían empezado el año llenos de Dios. Lo último que habían hecho en el 2008 fue adorar a Jesús Eucaristía, fue lo que hicieron la ultima hora del 2008.Y lo primero que habían hecho en el 2009 fue participar de la Santa Misa. Ese grupo de jóvenes que cantaba en la caja de la camioneta, en los caminos de tierra de Santiago del Estero, bajo una llueve firme y decidida, ese grupo de jóvenes llevaba en el corazón una gran alegría: la alegría de estar con Jesucristo.
Dentro de la camioneta dos sacerdotes se maravillaban de la obra de Dios. Dos sacerdotes además de llevar a esos chicos bajo el agua llevaban también la custodia con el Santísimo Sacramento que quedaría en la capilla de los misioneros de Canal Melero. Y allí, dentro de la camioneta dos sacerdotes adoraban la Eucaristía. El padre Francisco manejaba, yo llevaba la custodia con la Sagrada Presencia del Señor cubierta por un corporal entre mis manos, y casi sin darnos cuenta empezamos a cantar. Oh Buen Jesús, Te adoramos Hostia Divina, Tantum ergo… cantos eucarísticos que nos hacían adorar a Jesús Eucaristía en la madrugada santiagueña, cantos eucarísticos que nos recordaban a Quién llevábamos con nosotros, bajo un tremendo chaparrón, con 15 jóvenes cantando a Jesucristo en la caja de la camioneta.
Por fuera todo era oscuridad, el barro del camino, el monte santiagueño, la lluvia, el frío inesperado, pero dentro de esa camioneta Jesús Eucaristía recorría ese paisaje y lo llenaba completamente de Él.
Son casi 15 kms de Llajta Mauca hasta Melero y Canal Melero. Fue casi media hora de viaje… Pero en ese rato el mismo Jesús recorrió esos caminos en una casi “escondida” procesión eucarística, siendo adorado por dos sacerdotes y celebrado por 15 muchachos que cantaban y reían bajo la lluvia.
Para mí esa media hora fue un signo de toda la misión. En medio de la oscuridad y el frío del mundo, Jesús todo lo recorre, todo lo llena y todo lo transforma.
Esos fueron nuestros primeros momentos del 2009, que el buen Dios nos conceda vivirlo todo entero así, llevándolo a Él en la oscuridad de la vida cotidiana, llenos de alegría y de paz, con la voz y el alma cantando y saltando de gozo, porque en medio de toda adversidad, Jesús mismo recorre todos los caminos de nuestra vida.
Las tres de la mañana en los caminos santiageños, allí nos llevó el Señor para enseñarnos a vivir...
Dentro de la camioneta dos sacerdotes se maravillaban de la obra de Dios. Dos sacerdotes además de llevar a esos chicos bajo el agua llevaban también la custodia con el Santísimo Sacramento que quedaría en la capilla de los misioneros de Canal Melero. Y allí, dentro de la camioneta dos sacerdotes adoraban la Eucaristía. El padre Francisco manejaba, yo llevaba la custodia con la Sagrada Presencia del Señor cubierta por un corporal entre mis manos, y casi sin darnos cuenta empezamos a cantar. Oh Buen Jesús, Te adoramos Hostia Divina, Tantum ergo… cantos eucarísticos que nos hacían adorar a Jesús Eucaristía en la madrugada santiagueña, cantos eucarísticos que nos recordaban a Quién llevábamos con nosotros, bajo un tremendo chaparrón, con 15 jóvenes cantando a Jesucristo en la caja de la camioneta.
Por fuera todo era oscuridad, el barro del camino, el monte santiagueño, la lluvia, el frío inesperado, pero dentro de esa camioneta Jesús Eucaristía recorría ese paisaje y lo llenaba completamente de Él.
Son casi 15 kms de Llajta Mauca hasta Melero y Canal Melero. Fue casi media hora de viaje… Pero en ese rato el mismo Jesús recorrió esos caminos en una casi “escondida” procesión eucarística, siendo adorado por dos sacerdotes y celebrado por 15 muchachos que cantaban y reían bajo la lluvia.
Para mí esa media hora fue un signo de toda la misión. En medio de la oscuridad y el frío del mundo, Jesús todo lo recorre, todo lo llena y todo lo transforma.
Esos fueron nuestros primeros momentos del 2009, que el buen Dios nos conceda vivirlo todo entero así, llevándolo a Él en la oscuridad de la vida cotidiana, llenos de alegría y de paz, con la voz y el alma cantando y saltando de gozo, porque en medio de toda adversidad, Jesús mismo recorre todos los caminos de nuestra vida.
Las tres de la mañana en los caminos santiageños, allí nos llevó el Señor para enseñarnos a vivir...
sábado, 22 de noviembre de 2008
Bendito sea Dios! una oracion de alabanza

Bendito seas Padre que estas en el Cielo
Bendito sea tu Hijo amado, Jesucristo nuestro Señor
Bendito sea tu Espíritu de Amor, que llena el alma
Bendita tu obra creadora,
reflejo de tu perfección,
espejo de tu Amor
Bendito el sol que acaricia el rostro
Bendita la luna que ilumina la noche del peregrino
Bendito el cielo donde posan las estrellas
Bendita la lluvia que brota de tu mano,
lluvia que moja la tierra seca
y la transforma en barro limpio
Bendito el viento que sopla en el prado,
viento que trae cambios,
cambios que traen vida
Bendito los animales del campo,
de la selva y de los montes
Benditas las plantas,
los árboles y los pastos
Bendito el cantar de las aves,
el rugir de los ríos y el murmullo del bosque
Bendita la fuerza de la roca y lo frágil de la hoja seca,
la firmeza del roble y el fluir de las aguas
Bendito el Hombre, imagen y semejanza tuya
Bendita su capacidad de amar y ser amado
Bendito el honroso llamado a la Santidad
Bendita la alabanza dirigida a Ti
Bendito seas Padre Bueno
Bendito sea tu nombre por siempre y eternamente
Amén
Gracias MST
viernes, 7 de noviembre de 2008
La conversion de San Agustín
Vivía a lo loco, con sus aventuras de siempre. Pero seguía inquieto y leía todo lo que caía en sus manos. Buscaba; aún no sabía qué, pero buscaba algo en su interior. Le dio por leer libros sobre ocultismo, hasta que un científico amigo suyo le aconsejó que no perdiera el tiempo con esas tonterías.
Decidió leer las Sagradas Escrituras para ver si sacaba algo en claro. Pero le pareció que la Biblia era muy inferior, indigna de compararse con los libros de los autores que le fascinaban. Se reía de los Evangelios.
“Poco a poco fui descendiendo hasta la oscuridad más completa, lleno de fatiga y devorado por el ansia de verdad. Y todo por buscarla, no con la inteligencia, que es lo que nos distingue de los animales, sino con los sentidos de la carne. Y la verdad estaba en mí, más íntima a mí que lo más interior de mí mismo, más elevada que lo más elevado de mí”.
En agosto del 86 seguía con su rutina habitual de trabajo y de clases en su cátedra. Cada día que pasaba, su deseo de Dios hacía más fuerte, pero él seguía dividido por dentro: quería encontrar la verdad... y no quería. Le pesaba demasiado su vida anterior, porque encontrar la verdad supondría cortar con determinadas costumbres, a lo que no estaba dispuesto. Al menos, todavía.
“Cuando dudaba en decidirme a servir a Dios, cosa que me había propuesto hacía mucho tiempo, era yo el que quería y yo era el que no quería, sólo yo. Pero, porque no quería del todo, ni del todo decía que no, luchaba conmigo mismo y me destrozaba”.
En esa tensión interior se decía: “¡Venga, ahora, ahora!”. Pero cuando estaba a punto... se detenía en el borde.
Era como si los viejos placeres le tirasen hacia sí, diciéndole bajito:
—“¿Cómo? ¿Nos dejas? ¿Ya no estaremos más contigo... nunca?, ¿nunca? ¿Desde ahora ya no podrás hacer eso... , ni aquello?
¡Y qué cosas, Dios mío, qué cosas me recordaban, aquel eso y aquello!”.
Los placeres seguían insistiéndole:
—“¿Qué? ¿Es que piensas que vas a poder vivir sin nosotros, tú? ¿Precisamente tú...?”.
Miró a su alrededor. Muchos lo habían logrado. “¿Por qué no voy a poder yo –se preguntó– si éste, si aquel, si aquella han podido?”.
Comprendió que habían podido gracias a la fuerza de Dios; y que por sí mismo no era capaz ni de mantenerse en pie. Debía apoyarse en él. Así lo conseguiría... Pero seguía escuchando por dentro la voz insinuante de los placeres:
—“¿Vas a poder vivir sin nosotros...? ¿Tú?”.
Un día charlando con un amigo suyo estalló por fin y le dijo:
—“¿No te das cuenta de la vida que llevamos y de la vida que llevan los cristianos? ¡Y aquí seguimos, revolcándonos en la carne y en todo tipo de espectáculos! ¿Es que no vamos a ser capaces de vivir como ellos, sólo por la vergüenza de reconocer que nos hemos equivocado? ¿Sólo por no dar nuestro brazo a torcer?”.
Su amigo –que también estaba en proceso de conversión– se quedó atónito. Agustín estaba dispuesto a resolver, de una vez por todas, aquella situación.
Salieron al jardín. Estuvieron charlando y recordando lo que había sido su vida. Aguatín tenía un libro del Nuevo Testamento entre las manos. Dejó el libro y, en un determinado momento, comenzó a llorar. Rezó por primera vez:
—“¿Cuándo acabaré de decidirme? No te acuerdes, Señor de mis maldades. ¿Dime, Señor, hasta cuándo voy a seguir así? ¡Hasta cuándo! ¿Hasta cuándo: ¡mañana, mañana!? ¿Por qué no hoy? ¿Por qué no ahora mismo y pongo fin a todas mis miserias?”.
Mientras decía esto, oyó que un niño gritaba desde una casa vecina:
—“¡Toma y lee! ¡Toma y lee!”.
¡Toma y lee! Dios se servía de ese chico para decirle algo. Corrió hacia el libro, y lo abrió al azar por la primera página que encontró. Leyó en silencio:
—No andéis más en comilonas y borracheras; ni haciendo cosas impúdicas; dejad ya las contiendas y peleas, y revestíos de nuestro Señor Jesucristo, y no os ocupéis de la carne y de sus deseos.
Cerró el libro. ésa era la respuesta. No quiso leer más, ni era necesario: “como si me hubiera inundado el corazón una fortísima luz, se disipó toda la oscuridad de mis dudas”.
Decidió leer las Sagradas Escrituras para ver si sacaba algo en claro. Pero le pareció que la Biblia era muy inferior, indigna de compararse con los libros de los autores que le fascinaban. Se reía de los Evangelios.
“Poco a poco fui descendiendo hasta la oscuridad más completa, lleno de fatiga y devorado por el ansia de verdad. Y todo por buscarla, no con la inteligencia, que es lo que nos distingue de los animales, sino con los sentidos de la carne. Y la verdad estaba en mí, más íntima a mí que lo más interior de mí mismo, más elevada que lo más elevado de mí”.
En agosto del 86 seguía con su rutina habitual de trabajo y de clases en su cátedra. Cada día que pasaba, su deseo de Dios hacía más fuerte, pero él seguía dividido por dentro: quería encontrar la verdad... y no quería. Le pesaba demasiado su vida anterior, porque encontrar la verdad supondría cortar con determinadas costumbres, a lo que no estaba dispuesto. Al menos, todavía.
“Cuando dudaba en decidirme a servir a Dios, cosa que me había propuesto hacía mucho tiempo, era yo el que quería y yo era el que no quería, sólo yo. Pero, porque no quería del todo, ni del todo decía que no, luchaba conmigo mismo y me destrozaba”.
En esa tensión interior se decía: “¡Venga, ahora, ahora!”. Pero cuando estaba a punto... se detenía en el borde.
Era como si los viejos placeres le tirasen hacia sí, diciéndole bajito:
—“¿Cómo? ¿Nos dejas? ¿Ya no estaremos más contigo... nunca?, ¿nunca? ¿Desde ahora ya no podrás hacer eso... , ni aquello?
¡Y qué cosas, Dios mío, qué cosas me recordaban, aquel eso y aquello!”.
Los placeres seguían insistiéndole:
—“¿Qué? ¿Es que piensas que vas a poder vivir sin nosotros, tú? ¿Precisamente tú...?”.
Miró a su alrededor. Muchos lo habían logrado. “¿Por qué no voy a poder yo –se preguntó– si éste, si aquel, si aquella han podido?”.
Comprendió que habían podido gracias a la fuerza de Dios; y que por sí mismo no era capaz ni de mantenerse en pie. Debía apoyarse en él. Así lo conseguiría... Pero seguía escuchando por dentro la voz insinuante de los placeres:
—“¿Vas a poder vivir sin nosotros...? ¿Tú?”.
Un día charlando con un amigo suyo estalló por fin y le dijo:
—“¿No te das cuenta de la vida que llevamos y de la vida que llevan los cristianos? ¡Y aquí seguimos, revolcándonos en la carne y en todo tipo de espectáculos! ¿Es que no vamos a ser capaces de vivir como ellos, sólo por la vergüenza de reconocer que nos hemos equivocado? ¿Sólo por no dar nuestro brazo a torcer?”.
Su amigo –que también estaba en proceso de conversión– se quedó atónito. Agustín estaba dispuesto a resolver, de una vez por todas, aquella situación.
Salieron al jardín. Estuvieron charlando y recordando lo que había sido su vida. Aguatín tenía un libro del Nuevo Testamento entre las manos. Dejó el libro y, en un determinado momento, comenzó a llorar. Rezó por primera vez:
—“¿Cuándo acabaré de decidirme? No te acuerdes, Señor de mis maldades. ¿Dime, Señor, hasta cuándo voy a seguir así? ¡Hasta cuándo! ¿Hasta cuándo: ¡mañana, mañana!? ¿Por qué no hoy? ¿Por qué no ahora mismo y pongo fin a todas mis miserias?”.
Mientras decía esto, oyó que un niño gritaba desde una casa vecina:
—“¡Toma y lee! ¡Toma y lee!”.
¡Toma y lee! Dios se servía de ese chico para decirle algo. Corrió hacia el libro, y lo abrió al azar por la primera página que encontró. Leyó en silencio:
—No andéis más en comilonas y borracheras; ni haciendo cosas impúdicas; dejad ya las contiendas y peleas, y revestíos de nuestro Señor Jesucristo, y no os ocupéis de la carne y de sus deseos.
Cerró el libro. ésa era la respuesta. No quiso leer más, ni era necesario: “como si me hubiera inundado el corazón una fortísima luz, se disipó toda la oscuridad de mis dudas”.
lunes, 27 de octubre de 2008
Contemplar a Cristo con los ojos de María
IMPOSIBLE no tener ganas de rezarlo despues de verlo...
Del Papa Juan Pablo II, sobre el Santo Rosario
Del Papa Juan Pablo II, sobre el Santo Rosario
"Queridos hermanos y hermanas:
El Santo Rosario es una oración a recuperar. Una oración tan fácil, y al mismo tiempo tan rica, merece de veras ser recuperada por la comunidad cristiana.
Me dirijo en particular a ustedes, queridos Hermanos Obispos, sacerdotes y diáconos, y a ustedes, agentes pastorales en los diversos ministerios, para que, teniendo la experiencia personal de la belleza del Rosario, se conviertan en sus fervorosos promotores.
Pienso en todos ustedes, hermanos y hermanas de toda condición, en las familias cristianas, en ustedes, enfermos y ancianos, en ustedes, los jóvenes: tomen con confianza entre las manos el rosario, descubriéndolo de nuevo.
Qué este llamamiento mío no sea en balde!"
El Santo Rosario es una oración a recuperar. Una oración tan fácil, y al mismo tiempo tan rica, merece de veras ser recuperada por la comunidad cristiana.
Me dirijo en particular a ustedes, queridos Hermanos Obispos, sacerdotes y diáconos, y a ustedes, agentes pastorales en los diversos ministerios, para que, teniendo la experiencia personal de la belleza del Rosario, se conviertan en sus fervorosos promotores.
Pienso en todos ustedes, hermanos y hermanas de toda condición, en las familias cristianas, en ustedes, enfermos y ancianos, en ustedes, los jóvenes: tomen con confianza entre las manos el rosario, descubriéndolo de nuevo.
Qué este llamamiento mío no sea en balde!"
jueves, 23 de octubre de 2008
¿Qué es ser sacerdote...?

Ser sacerdote es pertenecer a Otro. Es ser de Otro, es ser Otro…
Ser sacerdote es vivir del misterio, es no pertenecerse, y alegrarse de no pertenecerse.
Ser sacerdote es despertarse cada mañana con ansias de celebrar la Eucaristía. Es dormirse cada noche con el alma rebosante de gozo, de honda y serena alegría.
Ser sacerdote es confiar en el Corazón amoroso y tierno que sana todas las heridas.
Es tener las manos siempre listas para bendecir.
Ser sacerdote es levantar las manos para perdonar. Es extender las manos para consagrar. Es cerrar las manos sólo para rezar.
Ser sacerdote es arrodillarse cada mañana ante Jesús Eucaristía, es dejarse apaciguar por el Pastor. Es hablar de Dios, sólo de Dios, siempre de Dios.
Ser sacerdote es ser un profeta pobre, pero confiado.
Es vivir del misterio, en el misterio, para el misterio.
Ser sacerdote es desear con locura la santidad, es entregar la vida por la santidad de los demás…
Ser sacerdote es ser Cristo. Siendo tan pobres… ¡ser Cristo!
“Te doy gracias Señor por tu amor,
¡No abandones la obra de tus manos!” (Sal 137)
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