sábado, 5 de julio de 2008

Saber esperar


Del Beato Rafael

Ansias de vida eterna… Ansias de volar a la verdadera vida. Ansias del alma que, sujeta al cuerpo, gime por ver a Dios.
Grande es el sufrimiento de vivir, cuando en la vida queda la ilusión de morir… La ilusión de la muerte… la esperanza de acabar, para empezar… Duro es vivir, pero todo se suaviza con la esperanza de que todo acaba.
Ansias de vida eterna revolotean por el coro de la Iglesia, cuando aun las tinieblas de la noche envuelven al monasterio.

En el reloj suenan las cuatro y media… El frío penetra muy hondo, muy hondo; el cuerpo ligeramente alguna vez se estremece; no importa…, llegara el mediodía, y con él, el sol, y habrá calor y luz, y la alegría de su resplandor, se comunicará a ese cuerpo de hombre, que ahora tirita en el coro de la Iglesia.
El alma también tiene frío… Allá en uno de sus rincones llamea una lucecita…, una centellica muy débil de amor a Dios. El alma la ve y se esfuerza e animar esa llama que tan débil brilla en la oscuridad de todo. Ansias de amar a Dios, padece el alma…, ansias de estar con Cristo…
Es inútil volar con cadenas, y cadena fría es la vida para el alma.
Ansias de morir, deseos de libertad y de amor de Dios. En la tierra hace frío… Es el frío de la vida mortal… Es el frío del peregrino sin casa ni hogar, en una “tierra desierta en intransitable”
Suspira el alma por verse pronto libre de la carne que la aprisiona y atormenta…, todo es lucha, en el silencio de la Iglesia… El espíritu que quiere volar y la carne que se arrastra. El alma que llora de no ver aún a Dios, y unos ojos que se cierran por el sueño y la vigilia.

Señor, Señor… murmuran los labios…, como el “ciervo desea las fuentes”, como el cervatillo sediento olfatea el aire buscando con qué mitigar su sed, así mi alma suspira de sed de vida… Vida eterna, vida que es espacio y luz, vida en la cual esa centellica que tengo dentro se dilatará, se inflamará y a la vista de tu rostro, dará más luz que el sol…
Señor, Señor, como el ciervo desea las fuentes, así está mi alma .

Fuera del monasterio lucha el sol con lo último que queda de la noche… Todo llega y todo pasa. Pasarán los fríos y las nieves, pasarán los días y los años. Pasará esta noche y llegará el día… Todo consiste en saber esperar, y al final, allá, cuando se acabe la vida, nuestra alma apagará su sed en la única fuente que es Dios.
Grande es la misericordia divina, cuando pone a un alma en este estado, en el cual, todo contribuye a elevar el corazón por encima de todo lo criado y todo lo terreno. Cuando el alma pena de no ver a Dios, ¿qué le puede interesar el mundo? Cuando el espíritu se abisma en la consideración de la eternidad, ¿con qué interés puede mirar el pequeño y limitado tiempo de su vida? Cuando el corazón suspira por la patria del cielo y su unión con el eterno, ¿con qué indiferencia no mirará este valle de lágrimas que es destierro por poco tiempo?

1 comentario:

  1. fabi, gracias por esta carta de san rafael muy linda la foto también...
    me encanta el bolg, gab

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