lunes, 31 de mayo de 2010

De libro "Las Moradas" de Santa Teresa de Ávila, sobre la oración


En que trata de la hermosura y dignidad de nuestras almas. Pone una comparación para entenderse, y dice la ganancia que es entenderla y saber las mercedes que recibimos de Dios. Cómo la puerta de este castillo es la oración.

"Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí, porque yo no atinaba a cosa que decir ni cómo comenzar a cumplir esta obediencia, se me ofreció lo que ahora diré, para comenzar con algún fundamento: que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas.
Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice El tiene sus deleites
. Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues El mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza.
Pues si esto es, como lo es, no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo; porque puesto que hay la diferencia de él a Dios que del Criador a la criatura, pues es criatura, basta decir Su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima.
(...)
3. Pues consideremos que este castillo tiene ­como he dicho muchas moradas, unas en lo alto, otras embajo, otras a los lados; y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma."

viernes, 28 de mayo de 2010

Noche Oscura - San Juan de la Cruz


Canciones del alma que se goza de haber llegado al
alto estado de la perfección, que es la unión con Dios,
por el camino de la negación espiritual.


En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que el alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

En mi pecho florido
que entero para él sólo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.


San Juan de la Cruz
(1542-1591)

jueves, 27 de mayo de 2010

El Hermano Rafael y la Eucaristía

Pensamientos y escritos de San Rafael Arnáiz sobre la Eucaristía.

"Me levanto todos los días a las siete y media de la mañana. Podréis creerlo o no creerlo, pero es la verdad, pues antes tenía la buena costumbre de ir a comulgar todos los días, y he comprobado que empezando el día entregándome en manos de Dios, sale todo mucho mejor, el estudio aprovecha más, y si no fuese por el Amo que tanto me ayuda, yo no serviría para nada, y además, a alguien tengo que dar cuenta de todos mis actos, buenos o malos, ¿no te parece?"

"Acabo de recibir al Señor. Fui a misa de ocho con mi padre... Qué dulce es el Señor, ¿verdad? Cómo atrae y de qué manera. Mira, a la puerta del Cenáculo se está muy bien, y viéndole repartir el pan a sus discípulos, siempre quedan unas migajas para ti, ¿no te parece?... El te las da, y llenan de tal manera... ¡Qué bueno es Jesús! Te manda con una tierna mirada acercarte, contarle tus cosas, consolarle... Todo desaparece: los discípulos e incluso tú mismo... El lo llena todo. ¡Qué bueno es Jesús! Entonces no hay penas ni alegrías, no sabemos qué decir... No podemos; quedamos abismados en su regazo, y El, entonces, habla al alma con una dulzura tan grande... ¡Qué bueno es Jesús! y cómo nos quiere. Te aseguro que es para deshacerse.
Déjale hacer a El y ya verás; e aseguro que con una buena comunión tendríamos bastante para toda la vida, si supiéramos hacerla... Pero somos tan miserables."

"Estoy tan contento, aunque hoy me falta algo..., no he podido ir a comulgar; no me ha despertado mi padre... Los días que no recibo al Señor, estoy como descentrado y echando de menos algo que para mí es todo."

"Hoy en la santa comunión, cuando tenía a Jesús en mi pecho, mi alma nadaba en la enorme e inmensa alegría de poseer la Verdad... Me veía dueño de Dios y Dios dueño de mí... Nada deseaba más que amar profundísimamente a este Señor que en su inmensa bondad consolaba mi corazón sediente de algo que yo no sabía lo que era y que en la criatura buscaba en vano, y el Señor me hace comprender, sin ruido de palabras, que lo que mi alma desea es El... Que la Verdad, la Vida y el Amor es El... Y teniéndole a El, ¿qué busco? ¿qué pido?..., ¿qué quiero?"

"Multitud de sagrarios existen en la redondez de la tierra, pero solamente un Dios, que es Jesús Sacramentado. Consoladora verdad que hacer estar tan unidos el monje en su coro, el misionero en tierra de infieles y el seglar en su parroquia. Ni hay distancias, ni hay edades... Al pie del Sagrario estamos todos cerca, Dios nos une. Pidámosle por mediación de María que, algún día allá en el cielo, podamos contemplar a ese Dios que por amor al hombre, se oculta bajo las especies de pan y vino"

"En este momento de empezarte a escribir, llego del convento de las Esclavas. Son las seis y media. Allí, delante del Señor y con tu carta en el bolsillo, casi lloro de alegría... ¡Cuánto me quieres Señor! Mira, a Jesús fui a contárselo todo como siempre que recibo carta tuya... Primero hice un acto de agradecimiento. El me trata como no merezco. En fin, para qué te voy a decir lo de siempre. Después considerando delante de El unas cosas que me dices... Yo se lo dije al Señor y nos reímos los dos un poco... Me estuve en la iglesia hasta que me echaron... ¡Qué feliz soy! ¡Cómo me quiere Jesús!"

"En este momento llego de hacer la visita al Señor en las Esclavas... Fui a decirle todo lo que te he dicho en esta carta... Se me pasó el tiempo volando."

"El mundo no sabe que Jesús está en el Sagrario, que no hace más que esperar a que sus hijos vayan un ratito, aunque no sea más que un minuto, a estar con El."

"Se ofrece en el Sagrario, donde está día y noche, exclusivamente para atenderme en todo lo que le pida..."

"Alegrémonos de que es Dios quien nos llama y quien nos espera en el Sagrario"

"Jesús está en el Sagrario. Allí recibe a sus amigos, allí los consuela, los cura y los perdona."

"Quisiera estar arrodillado ante tu Sagrario día y noche."

"Tarde te amé..." - San Agustín


"¿Qué es lo que amo cuando amo a Dios?
Yo amo una especie de luz y una especie de voz, y una especie de olor, y una especie de comida, y una especie de abrazo cuando amo a mi Dios, que es luz, voz, fragancia, comida y abrazo de mi hombre interior. Aquí resplandece ante mi alma una luz que no está circunscrita por el espacio; resuena lo que no arrastra consigo el tiempo; exhala sus perfumes lo que no se lleva el viento; se saborea lo que la voracidad no desgasta; queda profundamente inserto lo que la saciedad no puede extirpar.
Esto es lo que amo cuando amo a mi Dios.
¿Y qué es esto? Pregunté a la tierra, y me respondió: "No soy yo". Idéntica confesión me hicieron todas las cosas que se hallan en ella. Pregunté al mar, a los abismos y a los reptiles de alma viva, y me respondieron: "Nosotros no somos tu Dios. Búscalo por encima de nosotros". Pregunté a la brisa, y me respondió la totalidad del aire con todos sus habitantes: "Yo no soy tu Dios". Pregunté al cielo, al sol, a la luna y a las estrellas. "Tampoco nosotros somos el Dios que buscas", respondieron.
Entonces me dirigí a todas las cosas que rodean las puertas de mi carne: "Habladme de mi Dios, ya que vosotras no lo sois. Decidme algo de él". Y me gritaron con voz poderosa: "El es quien nos hizo".
Mi pregunta era mi mirada; su respuesta era su belleza.
¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
El caso es que tú estabas dentro de mí y yo fuera.
Y fuera te andaba buscando y, como un engendro de fealdad,
me abalanzaba sobre la belleza de tus criaturas.
Tu estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Me tenían prisionero lejos de Ti
aquellas cosas que, si no existieran en Ti, serían algo inexistente.

Me llamaste, me gritaste, y desfondaste mi sordera.
Relampagueaste, resplandeciste, y tu resplandor disipó mi ceguera.
Exhalaste tus perfumes, respiré hondo y suspiro por Ti.
Te he paladeado, y me muero de hambre y de sed.
Me has tocado, y ardo en deseos de tu paz."
San Agustín

viernes, 21 de mayo de 2010

"Ven Padre de los pobres"


Al Espíritu Santo lo llamamos "padre de los pobres", porque él solo puede actuar en un corazón humilde y sencillo, en los que tienen alma de pobres. Eso no significa que tengamos que despreciarnos o sentirnos inútiles. Solo significa que reconozcamos que lo necesitamos, que sin él no podemos nada, que nuestra debilidad necesita su fuerza.
Con él estamos seguros, llenos de confianza y arrojo. Pero al que tiene un corazón pobre no se le ocurriría enorgullecerse por eso, porque sabe bien que todo lo debe al auxilio del Espíritu Santo.
Él muestra su gloria en nosotros cuando de verdad reconocemos nuestra pequeñez y nuestras carencias, cuando no nos aferramos a nuestras riquezas, logros y capacidades, cuando descubrimos que no tenemos nada donde apoyarnos, porque todo es frágil y pasajero.
Los pobres no se sienten tristes por descubrirse pequeños. Al contrario, viven la alegría de depender del Espíritu Santo. Liberados de la vanidad y de la autosuficiencia, están realmente abiertos a la fuerza del Espíritu, y se gozan en su presencia salvadora.

(Tomado de "Los cinco minutos del Espíritu Santo")

Para venir a gustarlo todo - San Juan de la Cruz


Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.

Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.

Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.

Para venir a poseer lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.

Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo,
has de dejarte del todo en todo.

Y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada querer.

miércoles, 19 de mayo de 2010

LA MISIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA


De la Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano II
"Consumada la obra que el Padre confió al Hijo en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo en el día de Pentecostés, para que indeficientemente santificara a la Iglesia y, de esta forma, los que creen en Cristo pudieran acercarse al Padre en un mismo Espíritu. Él es el Espíritu de vida o la fuente del agua que brota para comunicar vida eterna; por el cual el Padre vivifica a todos los muertos por el pecado, hasta que el mismo Espíritu resucite en Cristo sus cuerpos mortales.
El Espíritu habita en la Iglesia y en los corazones de los fieles como en un templo, y en ellos ora y da testimonio de la adopción de hijos. Con diversos dones jerárquicos y carismáticos dirige a la Iglesia, a la que guía hacia toda verdad, y la unifica en comunión y ministerio, enriqueciéndola con todos sus frutos.
Con la fuerza del Evangelio hace rejuvenecer a la Iglesia, la renueva constantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo. Pues el Espíritu y la Esposa dicen al Señor Jesús: "¡Ven!"
Así se manifiesta la Iglesia como una muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
La universalidad de los fieles que tiene la unción del Espíritu Santo no puede fallar en su creencia, y ejerce esta peculiar propiedad mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo, cuando desde los obispos hasta los últimos fieles seglares manifiestan un asentimiento universal en las cosas de fe y de costumbres.
Con ese sentido de la fe, que el Espíritu Santo mueve y sostiene, el pueblo de Dios, bajo la dirección del magisterio, al que sigue fidelísimamente, recibe no ya la palabra de los hombres, sino la verdadera palabra de Dios; se adhiere indefectiblemente a la fe que ha sido transmitida de una vez para siempre a los fieles; penetra profundamente en ella con rectitud de juicio y la aplica más íntegramente en la vida.
Además, el mismo Espíritu Santo no solamente santifica y dirige al pueblo de Dios por los sacramentos y los ministerios y lo enriquece con las virtudes, sino que, distribuyéndolos a cada uno en particular según le place, reparte entre los fieles dones de todo género, incluso especiales, con que los dispone y prepara para realizar variedad de obras y de oficios provechosos para la renovación y una más amplia edificación de la Iglesia, según aquellas palabras: A cada uno se le otorga La manifestación del Espíritu para común utilidad.
Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más sencillos y comunes, por el hecho de que son muy conformes y útiles a las necesidades de la Iglesia, hay que recibirlos con agradecimiento y consuelo."
(Lumen Gentium 4. 12)